Las tecnologías digitales ofrecen nuevas posibilidades para acceder a la información, analizar grandes archivos y establecer relaciones entre documentos. Al mismo tiempo, plantean desafíos para garantizar que la información sea confiable, conserve su contexto y pueda verificarse.
La expansión de las tecnologías digitales ha transformado la manera en que se produce, conserva y consulta la información. Hoy es posible acceder a documentos desde distintos lugares, revisar y procesar grandes volúmenes de registros y establecer relaciones que podrían resultar difíciles de identificar mediante una búsqueda manual.
Sin embargo, estas posibilidades también presentan desafíos. Disponer de más información no garantiza necesariamente una mejor comprensión de los hechos. Esto se debe, en parte, a que los registros pueden estar incompletos, contener errores o haber sido organizados mediante categorías que dejan fuera aspectos relevantes. Las herramientas digitales, además, pueden reproducir esas limitaciones o producir nuevas asociaciones equivocadas.
Por eso, uno de los principales desafíos de la era digital es resguardar la integridad de la información, es decir, procurar que los datos y documentos sean confiables, conserven su contexto y puedan ser revisados, verificados y corregidos.
El derecho de acceso en la era digital
Cada 28 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Acceso Universal a la Información. La fecha fue establecida por la Conferencia General de la UNESCO en 2015 y reconocida posteriormente por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019. La conmemoración busca promover el acceso a la información como un derecho y como una condición para la participación pública, la rendición de cuentas y el ejercicio de otros derechos.
Este año, la conmemoración estuvo dedicada a la protección de la integridad de la información en la era digital y al papel del acceso a la información frente al desorden informativo. En este contexto, Sierra Leona, a través de su Comisión para el Derecho de Acceso a la Información (RAIC), y la UNESCO convocaron un encuentro conjunto que reúne la Conferencia Mundial por el Día Internacional del Acceso Universal a la Información y la 17.ª Conferencia Internacional de Comisionados de Información. La actividad se desarrolla entre el 28 y el 30 de septiembre.
Entre los temas abordados en la conferencia se encuentran la importancia de disponer oportunamente de información oficial confiable, avanzar desde la transparencia hacia la divulgación proactiva, fortalecer las prácticas de registro y aprovechar las tecnologías para facilitar el acceso a información creíble. También se incluyó la alfabetización mediática e informacional como una condición para que las personas puedan encontrar, evaluar y utilizar la información disponible.
Estas dimensiones están relacionadas. No es posible garantizar un acceso confiable si los registros se encuentran incompletos, fragmentados o desactualizados. Tampoco basta con publicar grandes cantidades de datos si las personas no pueden comprenderlos, conocer su procedencia o evaluar su calidad.
Por otra parte, cuando las instituciones no entregan información, responden tardíamente o la presentan de una forma difícil de comprender, se producen vacíos que pueden aumentar la exposición a información falsa o engañosa.
Inteligencia artificial, archivos y derechos humanos
La preocupación por la integridad de la información también está presente en el uso de inteligencia artificial para trabajar con archivos de derechos humanos.
Estos archivos pueden ser fundamentales para reconstruir hechos, buscar la verdad, establecer responsabilidades, desarrollar procesos de reparación y sostener la memoria. Por ello, las decisiones sobre qué se registra, cómo se organiza la información y bajo qué condiciones se utiliza no son únicamente técnicas. También inciden en aquello que las instituciones pueden conocer e investigar.
La inteligencia artificial ofrece posibilidades para revisar grandes cantidades de documentos, encontrar coincidencias y relacionar registros. Sin embargo, su uso también plantea riesgos relacionados con la privacidad, los sesgos, la desinformación, la seguridad de los datos y los efectos de automatizar determinadas tareas.
Estos temas fueron abordados en el conversatorio organizado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos Archivos para el futuro: riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial en la búsqueda de la verdad y el derecho a la memoria, realizado la semana pasada con la participación de Oriana Bernasconi, directora de Data Justa.
Aunque se desarrollaron en contextos diferentes, la conmemoración internacional y el conversatorio permiten reflexionar sobre un desafío común: cómo aprovechar las posibilidades que ofrecen las tecnologías digitales y, al mismo tiempo, proteger la integridad de la información.
Mientras la conferencia internacional abordó el acceso a información confiable frente al desorden informativo, el conversatorio examinó esta preocupación en los archivos de derechos humanos, donde las formas de registrar, organizar y analizar la información pueden tener consecuencias para la búsqueda de la verdad y el derecho a la memoria.
Los datos no son neutrales
Durante el conversatorio, Oriana Bernasconi planteó que la discusión sobre inteligencia artificial debe situarse dentro de una reflexión más amplia sobre las formas en que se produce, organiza y utiliza el conocimiento.
“Los datos no son neutrales, el conocimiento no es neutral”, señaló.
Las prácticas documentales y las fuentes disponibles influyen en aquello que puede investigarse, en la evidencia que llega a construirse y en las narraciones sobre los hechos y las responsabilidades. Esta situación antecede al uso de inteligencia artificial.
La información estatal sobre vulneraciones de derechos humanos puede encontrarse fragmentada, dispersa entre distintas instituciones o registrada mediante categorías que no siempre permiten representar adecuadamente la complejidad de los casos. Las limitaciones de los registros condicionan aquello que posteriormente puede analizar una herramienta tecnológica.

La discusión también abordó para qué se produce esta información. Una infraestructura de datos justa y ética no debería limitarse a contabilizar las vulneraciones, sino contribuir a comprender las condiciones en que ocurren. Como explicó Bernasconi en referencia a un caso de estudio del Núcleo Milenio:
“Una infraestructura de datos estatal justa y ética no solo debería reportar el número de femicidios tentados, consumados o frustrados durante un determinado periodo en una sociedad. También debería preocuparse de proveer información que permita entender la raíz de la violencia y prevenir su recurrencia”.
Desde esta perspectiva, acceder a información íntegra y contextualizada no solo permite conocer lo ocurrido. También puede contribuir a identificar las causas de las vulneraciones, orientar las respuestas del Estado y fortalecer su capacidad de prevención.
La responsabilidad no comienza con el algoritmo
Los desafíos éticos asociados al uso de inteligencia artificial no empiezan cuando se implementa una herramienta. También están presentes al decidir qué información se recopila, para qué se utilizará, durante cuánto tiempo se conservará, quién podrá acceder a ella y bajo qué condiciones podrá emplearse nuevamente.
En archivos vinculados con graves vulneraciones de derechos humanos, estas decisiones deben considerar la privacidad, la seguridad de la información, la posibilidad de revictimización y los derechos de las personas representadas en los registros.
También es necesario conservar la posibilidad de revisar los resultados producidos mediante herramientas digitales y conocer cómo se establecieron determinadas asociaciones. El uso de inteligencia artificial puede apoyar una búsqueda, pero sus resultados requieren verificación y deben formar parte de procesos de análisis más amplios.
Como sostuvo Bernasconi durante el conversatorio, “un Estado con un enfoque de derechos debiera preguntarse constantemente si los modos de trabajo con esos datos provocan o no mayor justicia”.

Resguardar la integridad de la información supone, entonces, algo más que evitar la pérdida o alteración de los archivos. También requiere preguntarse cómo fueron producidos, qué ausencias contienen, de qué manera se interpretan y qué consecuencias puede tener su utilización.
En la era digital, el derecho de acceso a la información y el derecho a la verdad dependen tanto de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías como de los criterios con que estas se incorporan. La inteligencia artificial puede ampliar la capacidad de búsqueda y análisis, pero la responsabilidad sobre aquello que se registra, se relaciona, se publica y se presenta como verdadero continúa siendo humana e institucional.
Para seguir profundizando en estas ideas sobre el derecho a la verdad, el acceso a la información y los desafíos de la era digital, puedes consultar los siguientes enlaces:
- Para conocer más sobre el encuentro conjunto que reúne la Conferencia Mundial por el Día Internacional del Acceso Universal a la Información de 2026 y la 17.ª Conferencia Internacional de Comisionados de Información, organizado en Sierra Leona por la RAIC en colaboración con la UNESCO, haz clic acá.
- Para ver la grabación del conversatorio Archivos para el futuro: riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial en la búsqueda de la verdad y el derecho a la memoria, organizado por el INDH, haz clic acá.